miércoles, 2 de octubre de 2013

Iñaki, el cura de Zalla, y las pirámides

Iñaki, la primera vez que hablamos fui un poco bruto porque te dije: “No creo en Dios, creo en las personas”. Sigo pensando parecido, pero ahora puedo personalizarlo un poco más: “No creo en Dios, creo en ti y en otras personas como tú”.

Creo que todos tenemos un enorme potencial para mejorar nuestras vidas y las de los que nos rodean. Admiro a aquellas personas que son capaces de recordarnos esto con su forma de vivir, que son capaces de sacar lo mejor de nosotros mismos, que nos despiertan del letargo y nos contagian de entusiasmo para movilizarnos. Admiro a quien consigue que nos sintamos parte de algo común, a quien nos demuestra que todos estamos conectados y sólo de forma conjunta podemos evolucionar como grupo, como pueblo, como sociedad.


Iñaki, aunque hace tan solo dos años que te conozco, sé que tú eres una de esas personas.

Creo en la necesidad de cambios en las instituciones para adaptarse a las necesidades sociales. No creo que las estructuras piramidales tengan flexibilidad para propiciar esos cambios. Sí creo que las personas podemos cambiarlo, incluso desde dentro de esas estructuras rígidas.

Parece ser que, desde lo alto de la pirámide, te han dicho que no estabas cumpliendo bien tu cometido y te han asignado otro destino.
Ha resultado evidente que, desde la base de la pirámide, gentes de Zalla no estaban de acuerdo y proclaman que Iñaki sí es el párroco que necesitan.

Creo en la necesidad acuciante que tiene nuestra sociedad de personas que nos movilicen e integren voluntades, porque solo así podemos mejorar como grupo.

Iñaki, me gustaría que tú siguieras siendo el cura de Zalla, aunque yo no acuda a tus misas. Si no puede ser, deseo que, con tu entusiasmo y sentido del humor, puedas contagiar tus ganas de hacer cosas a otras gentes.

Iñaki, ya te he transmitido todo esto tomando una cerveza pero me parecía conveniente expresarlo públicamente porque no son solo mis palabras, son las de una gran parte de Zalla.

También pienso que es oportuno hacer llegar este texto a la cúspide de la pirámide y así lo haré porque todas las voces deberían ser oídas…

Hasta pronto y hasta siempre
Un abrazo